VIII. Vaivén de ciudad

Mientras el sismo movía la cama en círculos sentí una paz que no había tenido antes. En vez de reaccionar queriendo escapar de la posible catástrofe, con toda claridad y serenidad permanecí acostado y acepté lo que venía, cómo venía...

Antes decía que le tenía miedo a los temblores, pero cómo podía temer a la vida misma. A la vida de la tierra. Después comprendí que mi temor no era hacia los sismos, sino hacia el dolor de morir aplastado.

Ahora es un poco distinto. Si comparo la fuerza de un terremoto contra mi diminuta presencia, prácticamente no tengo nada que hacer. Así que dejo a la vida misma mi devenir.

Claro, haré lo posible por cuidarme. Pero eso no quita que sea consciente de la enormidad de una situación así.

Al otro día todos los noticiarios hablaron sobre el fenómeno: 6.3°R con epicentro en las costas de Guerrero, México, alrededor de las 12:45 AM y 21 réplicas, la mayor de 5.4°R a las 5:45 AM. Afortunadamente con saldo blanco.